A este final le falta un adiós
Irse sin decir adiós es el modo más certero de quedarse para siempre. Hay toreros que no se tocan la coleta por no cortarse un pelo. A otros, en cambio, las expectativas ajenas y los logros propios no les permiten cortar otra cosa que no sean orejas. Hablo –mejor: escribo– de Enrique Ponce. Y tiene bemoles el asunto. Que escriba yo, que la última vez que lo vi en un sarao de los que la COVID se llevó le confesé,…
